Derry Brownson: cuando el samplear también aprendió a hacer parte de la historia

Derry “Derry” Brownson, miembro fundador de EMF, murió a los 55 años tras ser diagnosticado con un tumor cerebral.
La noticia, reportada por la BBC, representa la pérdida de uno de los músicos que ayudaron a construir ese extraño y fascinante puente entre el rock alternativo y la cultura electrónica de principios de los años noventa.
Para muchos, EMF será siempre “Unbelievable”. Y es comprensible: aquel tema se convirtió en uno de los grandes himnos de una época en la que las guitarras comenzaban a convivir de manera natural con los samplers, los secuenciadores y los beats provenientes de la cultura de club.
Pero reducir a Brownson a un solo éxito sería injusto.
Antes de que todo fuera digital
EMF nació en Cinderford, Gloucestershire, en 1989, cuando la frontera entre el rock y la música electrónica comenzaba a hacerse cada vez más difusa. Brownson fue parte de aquella formación original junto a James Atkin, Ian Dench, Zac Foley y Mark Decloedt.
La propuesta de EMF tenía algo particularmente interesante: no intentaba decidir si quería ser una banda de rock o un proyecto electrónico. Simplemente utilizaba ambos lenguajes.
Guitarras, baterías, voces, samples y ritmos de baile convivían en una misma estructura.
Hoy puede parecer algo completamente normal. En aquel momento todavía había una separación bastante marcada entre el mundo de las bandas y el de los clubes.
EMF ayudó a romper esa barrera.
De hecho, Brownson era responsable de teclados y sampling, elementos fundamentales para construir esa identidad sonora.

El sonido de una generación que no quería elegir
A comienzos de los noventa ocurrió algo extraordinario.
El rock alternativo estaba cambiando. La música electrónica estaba entrando con fuerza en la cultura popular. El hip-hop comenzaba a transformar la manera de producir música y la cultura rave estaba modificando la relación del público con el ritmo.
EMF apareció precisamente en ese punto de encuentro.
Su primer álbum, Schubert Dip, publicado en 1991, llegó al número 3 de las listas británicas. Y “Unbelievable” terminó convirtiéndose en un fenómeno internacional, llegando incluso al número 1 del Billboard Hot 100 estadounidense.
Lo interesante es que detrás de aquel éxito había una filosofía bastante sencilla: no tomarse demasiado en serio las fronteras musicales.
En una entrevista de aquella época, Brownson resumía el espíritu de EMF de una manera casi perfecta: la música no tenía por qué ser solemne. Había espacio para divertirse, experimentar y romper algunas reglas.
Más que “el hombre de Unbelievable”
Existe un problema recurrente cuando muere un músico asociado a una canción gigantesca: la memoria colectiva tiende a reducir toda su carrera a esos tres o cuatro minutos.
Pero Brownson fue mucho más que una pieza dentro de “Unbelievable”.
Fue parte de una generación de músicos que ayudó a normalizar el uso creativo del sampling dentro de una banda de rock.
Y eso importa.
Porque muchas de las cosas que hoy escuchamos sin cuestionar —la convivencia entre guitarras y electrónica, los samples como instrumento, los ritmos de club dentro de estructuras rockeras— todavía estaban buscando su lugar en el mainstream a principios de los noventa.
EMF estuvo ahí cuando esa transformación estaba ocurriendo.

Una generación que comienza a despedirse
Hay algo particularmente extraño en enterarse de la muerte de alguien que formó parte de la banda sonora de nuestra juventud.
Los músicos que parecían eternamente jóvenes en las portadas de los discos también envejecen.
Y nosotros también.
La muerte de Brownson, a los 55 años, tiene por eso una dimensión que va más allá de la industria musical. Es otro recordatorio de que aquella explosión cultural de finales de los ochenta y principios de los noventa ya pertenece a la historia.
Pero su música permanece.
Y quizá esa sea una de las cosas más hermosas de ser músico: el cuerpo desaparece, pero determinadas frecuencias continúan viajando.
Una canción puede sobrevivir décadas.
Puede aparecer en una fiesta, en una estación de radio, en una playlist, en un automóvil o en la memoria de alguien que la escuchó por primera vez hace treinta años.

El legado
Derry Brownson perteneció a una generación que no veía la electrónica como el enemigo del rock.
La veía como otra herramienta.
Y esa actitud terminó siendo mucho más importante de lo que probablemente podían imaginar en 1989.
Hoy, cuando los géneros musicales prácticamente se han desintegrado y un productor puede construir una canción utilizando elementos provenientes del rock, techno, hip-hop, house, ambient o cualquier otra corriente, resulta fácil olvidar que hubo músicos que ayudaron a abrir ese camino.
Brownson fue uno de ellos.
Quizá por eso las palabras que recoge la BBC sobre su despedida resultan especialmente significativas: quienes lo conocieron lo recuerdan como alguien “beautiful inside and out”, hermoso por dentro y por fuera.
Más allá de las listas, los discos y los éxitos, probablemente ese sea el mejor legado que puede dejar un artista.
No solamente haber hecho música.
Haber dejado una buena impresión en las personas que compartieron el viaje.
Descansa en paz, Derry.
Y gracias por los samples, los beats, las guitarras y por haber ayudado a demostrar que el rock también podía bailar.

Fuente principal: BBC News. Contexto histórico y musical complementario: archivos y referencias sobre EMF y Derry Brownson.





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